Errores en la localización: ¿Cómo evitarlos?

¿Qué pensarían si les citaran “allí”, “en una hora”, con “ella”? Seguramente se quedarían igual, ya que no habrían entendido nada. Tendrían que volver a preguntar dónde y cuándo exactamente, y con quién van a quedar.

Con frases como esta deben lidiar los traductores cada día, sobre todo en el ámbito de la localización, en el que las frases e incluso las palabras aparecen sueltas, sin ningún tipo de contexto que les ayude a interpretarlas.

El problema se agrava por la diferencia entre los idiomas que se traducen, ya que lo que en algunos idiomas es una palabra neutral, como “writer”, en español depende del género (escritor/a).

Los errores más habituales implican una falta de concordancia de tiempos verbales, o de género y número. Estos se deben generalmente a la sustitución de parámetros. Por ejemplo, en una tienda online, una frase mal localizada puede ser “bolsa rojo” (red bag). Este error se debe a que para que pueda haber combinaciones entre los elementos de la frase, las palabras deben ir en cadenas separadas. Sin contexto, y sin posibilidad de saber a qué se refieren, el traductor ha traducido las palabras por separado sin saber cómo sería el resultado.

Para evitarlo, debemos añadir en la cadena correspondiente un comentario que haga referencia a las posibles combinaciones. Veámoslo en el ejemplo:

Cadena 1: red {nombre_artículo}

El parámetro {nombre_artículo} sustituye al elemento, en este caso, “bag”. El problema es que en español bag puede ser “bolsa” o “bolso”, por lo que si se traduce “red” como “rojo”, tendríamos como consecuencia el error mencionado anteriormente. La solución en este caso sería añadir un comentario que dijera “Esta cadena se usa tanto para artículos en masculino como en femenino”. De esta manera, el traductor (que ya está habituado a este tipo de problemas) buscaría una solución intermedia, sustituyendo “rojo” por “de color rojo”, que sería correcta independientemente del género del artículo.

Para evitar problemas relacionados con el vocabulario (palabras polisémicas, pronombres, etc.), lo ideal sería disponer de un glosario con las traducciones deseadas por el cliente, o una memoria de traducción. Pero es habitual no poder ofrecerla. En cambio, sí podemos aportar toda la información de la que dispongamos para que el traductor adquiera ese contexto. Cuantos más datos demos, más difícil será que la traducción contenga errores.

¿Qué tipo de información hay que dar, y cómo la damos? Debemos añadir, en los campos de “observaciones”, datos como a quién va dirigido el producto, con qué aspectos está relacionado, cómo traducir algunas palabras clave, qué palabras no hay que traducir… También podemos agregar un enlace a una captura de pantalla o, si el producto es una página web, incluir un enlace a la web original, si la hay. Incluso podemos sugerir webs que tengan la misma estructura o estén diseñadas con las mismas herramientas que la que se va a traducir.

Los problemas de espacio (el texto en español suele ser más largo que en otros idiomas), se evitan indicando en las observaciones el número de caracteres que no debe superar cada traducción para que no se solape con los demás elementos.

En cualquier caso, la forma más eficaz de prevenir problemas es teniendo en cuenta la localización en las primeras fases de producción del producto, esto es, cuando se está diseñando la web o el software.

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